lunes 21 de febrero de 2011

Puedes salvar la vida de un niño desde tu teclado

SÓLO HAZTE DONANTE


¿Os acordáis de Amber? Es la hija de Mariló. Cuando las conocí ambas tenían cáncer. Parecía que habían conseguido recuperarse tras años de lucha.

Sin embargo… la pequeña recayó. Desesperación, frustación, vuelta a empezar.

Estábamos todos muy tristes hasta que el hospital encontró un donante de médula 100 por 100 compatible con Amber. Una nueva esperanza. ¡Quizás su vida habrá dependido de la generosidad de una persona que vive en Estados Unidos!


Esto me ha hecho reflexionar en lo fácil que puede ser salvar la vida de un niño. Sólo tienes que hacerte donante de médula para ayudar a, por citar solo la cifra de enfermos de leucemia en nuestro país, 4000 nuevos casos anuales. La Fundación Josep Carreras es un referente mundial. En Solidaridad, España lidera el ranking del planeta.¡Vamos a por ello!

Solo tienes que darte de alta en el registro de donantes de médula ósea (REDMO) más cercano a tu localidad, donde te harán una pequeña extracción de sangre para comprobar tu compatibilidad. Piensa que el 70% de los pacientes no disponen de un donante compatible en su familia o en su entorno. Tendrás más información si te descargas este PDF.

De todas maneras, la información sobre la donación es densa y requiere una lectura relajada. Reflexionar sobre tu papel en el mundo es la mejor manera de tomar la decisión de hacerte donante de médula ósea. Recuerda, donar no resulta difícil, pero es un compromiso.

Y habrás salvado una vida o, por lo menos, lo habrás intentado.

martes 15 de febrero de 2011

Fotonature 2011, éxito rotundo

SUPERADAS LAS EXPECTATIVAS

Después de dos meses trascribiendo mi diario de bitácora línea a línea, me apetece compartir la segunda edición de un festival de fotografía, que se celebra en una isla casi en la mitad del Atlántico, mostrando algunas imágenes que tomé con mi cámara de bolsillo mientras escuchaba las ponencias o aprovechando los desplazamientos por La Palma durante los días del evento. La verdad es que estoy un poco cansado de escribir. Dejo paso, pues, a un diario más visual de estas jornadas:

Presentación oficial de Fotonature-2011 en el Cabildo de La Palma

Público asistente. Tomando fotos, el incansable José Benito Ruiz

Taller de Iñaki Relanzón, a lo largo del jueves, alrededor de la isla

Sadie Quarrier, editora jefe de National Geographic Magazine,
disfrutó en los bosques de laurisilva
Un lujo entre los asistentes al taller de Iñaki: el gran fotógrafo Francesc Fábregas
 (a la derecha) revisando imágenes el viernes

Gonzalo Martínez Azumendi nos aproximó a la Fotografía de Viajes

Jordi Busqué y sus paisajes astronómicos

Rolando Gil habló de escondites (Hides) y caza fotográfica
David Santiago, el paisaje, la perfección de su técnica

Sadie Quarrier mostró como se construye un reportaje, traducida por Suzanne

José Benito Ruíz dió una lección magistral de macrofotografía

Proyección en la Plaza de Los LLanos del documental
"Historias del mar: Protegiendo los Océanos" de NG Channel, dirigido por Iván Bouso

Servidor de ustedes reflexionó sobre "El Paisaje Humano"

Mariano López, director de VIAJAR, habló de la Vuelta al Mundo y
de otros grandes temas publicados por la revista.

Dan Westergren, editor de fotografía de NG Traveler,
 contó sus experiencias en el Polo Norte.
Y para que se ambientara, lo llevamos al nevado Roque de los Muchachos...
...desde donde La Palma se veía de esta manera. ¡Hasta el próximo año!
Quiero expresar mi agradecimiento al Cabildo de La Palma, a la Consejería de Medio Ambiente y a Julio Cabrera, sin el cual no existiría FOTONATURE; al equipo de SODEPAL coordinado por Laura Rodríguez; al resto de los espónsores; a todos los ponentes; a VIAJAR y a NATIONAL GEOGRAPHIC MAGAZINE, NATIONAL GEOGRAPHIC CHANNEL y NATIONAL GEOGRAPHIC STORE; a Anna Oliver, co-directora del Festival y, sobretodo, a los asistentes que se desplazaron desde todas las Canarias, y desde la península, en unas fechas tan poco propicias. Con equipos como éste hemos podido culminar unas jornadas maravillosas en una isla de ensueño. Hoy en día eso no es nada fácil...

sábado 12 de febrero de 2011

SOS del Mar - 28 - Final


Rafa Navarro

EPÍLOGO

La última toma

Lunes, 13 de septiembre de 2010


Ocho de la noche. Aprovechando la marea alta el práctico nos permite grabar desde su barco la salida y el posterior recorrido del Vizconde de Eza en altamar. Tommy conduce el cascarón y nos avisa que, cuando abandonemos el puerto, el oleaje será tremendo.

Todo el día ha estado lloviendo y los vientos son brutales. Las olas se elevan más de un metro. El problema es que el barquito del práctico no llega ni a eso. Son las montañas rusas más potentes en las que he viajado jamás y la operación durará más de una hora. Llegamos al Vizconde de Eza a duras penas. Las olas chocan contra la proa impidiendo con la espuma de sus salpicaduras la visibilidad. Está muy oscuro. A pesar que Tommy ha puesto en marcha la calefacción los cristales están empañados y tan solo atisba el mar a través de un pequeño ventilador instalado en las ventanas delanteras.
 
Tommy
Rafa Navarro, el cámara de National Geographic Channel y yo estamos en cubierta aferrados a una barra y concentrados en nuestra labor. El marinero que acompaña a Tommy nos aconseja que liguemos los chalecos salvavidas a las barras, pero cortésmente le decimos que no será preciso y seguimos con lo nuestro. Necesitamos libertad para movernos y acoplarnos al rumbo que tome el bote. Sin luz y a pesar del vaivén producido por el temporal he de fotografiar a velocidades ínfimas. Algo saldrá, aunque probablemente movido.

Por fin llegamos al Vizconde para recoger al práctico, que es cuando empieza la maniobra peligrosa. El oleaje nos empuja una y otra vez contra el casco. Chocamos varias veces con extrema violencia hasta que Tommy consigue aproximarse lo suficiente para que el práctico salte al bote.

video
Dos miembros de la tripulación lo sujetan desde el Vizconde de Eza pero, con las subidas y bajadas del navío, el práctico se desploma desde casi un par de metros de altura y el marinero que viene con nosotros lo recoge en volandas. Tommy avanza a toda máquina intentando separarse del casco. El buque español se mueve poco a poco, pero las corrientes nos impiden despegarnos de su influencia. Así, empujados por olas laterales, los dos barcos continúan al unísono hacia adelante. Somos como un elefante y un conejo o, con más propiedad, puesto que estamos en el océano, como una ballena y una tortuga.
Poco a poco el bote consigue separarse unos metros del barco, aunque el peligro ahora es mayor. Lo estamos adelantando pero, si un golpe de mar nos arrastra hacia la proa del Vizconde de Eza, nos partirá irremediablemente por la mitad y nos ahogaremos. Tommy lucha con el timón, alerta los cinco sentidos, y farfulla de vez en cuando alguna maldición en inglés hasta que, muy lentamente, nos alejamos del peligro. Es noche cerrada.
   

Ahora volveremos a Galway- me reconforto a mí mismo. Pero no. Un carguero espera todavía lejos, en altamar. Tenemos que llegar. El práctico nos cuenta que en Navidad se rompió la cuerda de un barco y se hundió en el agua, entre los dos cascos. Creían que lo habían perdido, pero salió a flote. “Mi chaleco de la suerte” – lo muestra orgulloso- aunque también podría haber muerto aplastado o destrozado por la hélice”.

-“¡Que trabajo tan peligroso el suyo!” – le digo

-“Eso cuénteselo a mi jefe” – responde antes de emprender una nueva excursión al carguero. El acceso es más bajo y no tenemos tantos problemas porque el barco se ha situado de tal manera que hace de muro de contención del oleaje.

Entonces es cuando me doy cuenta que estoy chorreando. Pero Tommy ya ha puesto rumbo a Galway. Está oscuro y las luces de la ciudad brillan deparándonos una fiesta de bienvenida.

Desembarcamos agotados. Rafa y yo tenemos ahora la última toma y la última foto. La aventura oceánica por el Gran Sol ha terminado. 

En altamar, julio, agosto y septiembre de 2010

Muchas gracias por seguir este blog durante tantas semanas. Confío que, con lo que os he explicado, después de mi experiencia, os habrá ayudado a entender que el mar está en peligro real. Es preciso luchar para conseguir que la pesca sea justa, equilibrada y sin perjudicar los ecosistemas marinos, por el bien de los seres vivos y de la Humanidad.


PD. Buscar el documental que ha dado pie a este diario "Historias del mar: protegiendo los Océanos" de National Geographic Channel.  Y recordar que...

... el mar es el lugar ideal para el crimen perfecto. No quedan testimonios y, por eso, tenemos la ineludible misión de salvarlo. Los estragos por el uso de tecnología punta que detecta los ahora exiguos bancos de peces; la sobreexplotación que ha condenado a desaparecer a las especies más comunes; la devastación del fondo del mar por los abusos de la pesca de arrastre; la impunidad que permite que hasta un ochenta por ciento de los seres vivos capturados se devuelvan muertos al agua por que no se pueden comercializar, nos obliga a movilizarnos para acudir al SOS del mar.

jueves 10 de febrero de 2011

SOS del Mar - 27



Domingo, 12 de septiembre de 2010

Puntual a las ocho de la mañana llega el práctico para introducirnos al puerto de Galway. El Vizconde de Eza traspasa la bocana por los pelos, casi tocando con el casco sus paredes. O al menos esa es la impresión que tenemos desde el puente de mando. El práctico da la orden “diez grados a babor” y el capitán la repite en voz alta para confirmar que ha oído bien. El día es perfecto y atracamos junto al Celtic, un navío que practicaba el mismo tipo de exploraciones que nosotros, ahora fuera de servicio.


Hay un maratón en el puerto. La gente luce unas camisetas recordando a sus muertos, con un “Yo corro en memoria de…” y a continuación, estampado, el nombre del finado al que se le dedica la carrera. Un guitarrista anima el ambiente y en la iglesia cercana unas mujeres, vestidas con dudoso gusto, quizás elegantes para sus estándares, se fotografían junto a sus hijos mientras los hombres charlan de sus cosas. El día ha cambiado y llovizna, aunque no lo suficiente como para interrumpir el evento.

-“Dios nos ha enviado la lluvia, bendigámosla” – anuncia el guitarrista por los altavoces. Dos gemelos pelirrojos posan para mi cámara. Viéndoles por el visor pienso: "No hay duda, estamos en Irlanda".



Luego el desembarco, una habitación con vistas a la bahía y un pequeño paseo por el centro de Galway. Casi todo está abierto:  estatua de Oscar Wilde, comercios con productos de las islas Aran, librerías, tiendas de recuerdos, “pubs” repletos de irlandeses con pintas de cerveza en las mano y zapaterías con modelos muy extremados y tallas grandes.

Iván Bouso, director de "Protegiendo los Océanos"
Quedamos con el grupo de científicos para cenar. La conversación deriva sobre las supersticiones en altamar. Venicio, que se ha embarcado en ciento sesenta y siete expediciones y Floren, al que no le pregunté su historial pero sé que lleva muchos años participando en diferentes mareas como observador científico, cuentan cosas: -“A bordo de un barco nunca hay que hablar de curas. Dicen que trae mala suerte” – inicia el tema Venicio, sobreviviente a un naufragio en la isla de Tuvana i Ra, próxima a las Fiji.

-“Será porque, cuando la mayoría de los hombres se embarcaba, el cura era de los pocos varones que se quedaba, y encima rodeado de mujeres” – interviene Floren.

Iván Bouso, el director del documental, añade: “También los pingüinos a bordo dicen que traen mal fario

-“Y pescar paiños se suele considerar un aviso de tormentas. Los marineros creen que estos peces o bien las llaman, o son atraídos por ellas” – interviene Biel, jefe de cubierta y poseedor de una gran cultura.

-“Algunos pesqueros cuelgan unas bragas usadas en popa” - continúa Venicio.

-“En el barco, hace años – cuenta Fran- organizamos una fiesta. Como no teníamos globitos colgamos unos guantes de látex, como los que se usan en medicina, convenientemente inflados. Al día siguiente la pesca fue tan abundante que el capitán que había entonces nos prohibió retirarlos en toda la marea

-Yo conocí a otro -concluye Floren, que cuando la pesca era mala castigaba a San Pancracio cara a la pared.

Reímos con la información, cenamos todos juntos en un restaurante local –bueno, abundante y caro- y acabamos la velada en un pub donde un grupo musical a todo volumen impedía cualquier conato de conversación. Decidí salir fuera y poco a poco los científicos se me unieron a pesar del frío de la noche.

Con una pinta de cerveza en la mano intercambiamos las últimas palabras. Hablamos de su precario futuro –al fin y al cabo la mitad de los dieciocho mil euros diarios que cuestan estas campañas están financiadas por la Unión Europea- y, al despedirme, le confesé a Begoña que a partir de ahora cada vez que me comiera un rape me vendría a la cabeza el ejemplar que abría las fauces mientras ella lo giraba para la foto.

Entró en la conversación José Ramón, el especialista "oficial" de la expedición en diseccionarlos y, tras hablar un poco del rape negro, hicimos un balance de mis seis semanas embarcado en dos navíos de exploración científica. Sus últimas palabras dieron sentido a esta experiencia, a todo lo que os he estado explicando en estas veinticocho entregas:

La investigación es escasa y está mal pagada. Pero nuestro trabajo es imprescindible. El setenta por ciento de los seres vivos que se pescan, como no tienen salida comercial, se arrojan muertos al mar. Y nosotros estamos para evitar esta matanza indiscriminada de peces que está acabando con los recursos de los océanos


Mañana, la
última entrega...



El mar es el lugar ideal para un crimen perfecto. No quedan testimonios y, por eso, tenemos la ineludible misión de salvarlo. Los estragos por el uso de tecnología punta que detecta los ahora exiguos bancos de peces; la sobreexplotación que ha condenado a desaparecer a las especies más comunes; la devastación del fondo del mar por los abusos de la pesca de arrastre; la impunidad que permite que hasta un ochenta por ciento de los seres vivos capturados se devuelvan muertos al agua por que no se pueden comercializar, nos obliga a movilizarnos para acudir al SOS del mar.

martes 8 de febrero de 2011

SOS del Mar - 26



Sábado, 11 de septiembre de 2010

Es tarde pero la gente me detiene para enseñarme fotos o explicarme historias. Los marineros abordan, una vez más, lo horrorosa que es la pesca comercial a partir de su propia experiencia. En este caso es Javier, el único con el que todavía no había hablado un rato, que me comenta “tengo un CD con fotos que te gustarán”. Prudente y viendo mi cara de cansado añade - solo son unas veinte”.

Las imágenes me impresionan. No tanto por su calidad si no por su contenido: pesca del tiburón, el pez espada y otros animales de gran tamaño con la técnica -el arte- del palangre. Consiste en soltar unos cien kilómetros de cable con un anzuelo y su correspondiente carnaza, ubicada cada cien metros aproximadamente. Javier hablaba en brazas y en millas.

-“A veces entran tres o cuatro mil kilos de pescado en un día y, en ocasiones, entre tu compañero y tú, o quizás tú solo, tienes que manejar peces de cien kilos como atunes, espadas, marrajos… el marrajo es el pez más bonito que existe” – y continúa pasando fotos que mostraban como subían a cubierta a estos gigantes. Javier me lo explica con todo detalle, con pasión, con añoranza. En ellas estaba su juventud, como testifican las imágenes.



Un cable tan largo, con animales tan pesados prendidos en el anzuelo, trabaja a una presión tremenda. Si un pescado se suelta o algo va mal, cuenta Javier, el cable puede golpearte con una fuerza descomunal. Además lleva plomos prendidos, por lo que el impacto suele ser brutal. “Antes de usaba otra técnica con muchos más anzuelos y era frecuente que se te clavaran en las manos al arrojar el palangre al agua. Si te pillaba la carne tenías que esperar a que te la desgarrara para no caer rodeado de anzuelos y enredarte entre ellos; pero si se te clavaba entre dos huesos de la mano, cedías porque era imposible resistir el dolor”.

 
Mes y medio de reportaje me ha servido para entender el trabajo de los científicos y de los marineros. Los primeros viven de unas subvenciones cada vez más exiguas, apretados como sardinas en entornos poco acogedores. Trabajan, por el placer del conocimiento, bastantes más horas que los asalariados corrientes. Y se quejan bastante menos que otros colectivos privilegiados.

Los marineros, quizás como los investigadores, son una especie a la baja en España. Sus puestos están ocupados por emigrantes desesperados que se hacinan en un piso-patera para ahorrar, comen lo justo y aceptan salarios de miseria. Peruanos, bolivianos, indonesios, africanos aguantan lo que haga falta para tirar adelante a sus familias. Es un mundo injusto. lo que no es noticia y, encima, los ricos estamos agotando los recursos del mar.

Gracias a la labor de unos y otros tenemos pez fresco en casa. Unos vigilan que su ecosistema sea sostenible, los otros se dejan su vida y su familia para recogerlo. No importa lo alejado de la costa que vivas, siempre hay pescado a mano.

El marinero – concluye Javier- se embarca sin nada. Si no se pesca, nadie paga. Si se pesca mucho, siempre aparecen gastos imprevistos por parte del armador. Y si, como me ha pasado a mí en alguna marea, el barco se avería, tampoco cobras. Es el peor trabajo que existe”.



El mar es el lugar ideal para un crimen perfecto. No quedan testimonios y, por eso, tenemos la ineludible misión de salvarlo. Los estragos por el uso de tecnología punta que detecta los ahora exiguos bancos de peces; la sobreexplotación que ha condenado a desaparecer a las especies más comunes; la devastación del fondo del mar por los abusos de la pesca de arrastre; la impunidad que permite que hasta un ochenta por ciento de los seres vivos capturados se devuelvan muertos al agua por que no se pueden comercializar, nos obliga a movilizarnos para acudir al SOS del mar.

domingo 6 de febrero de 2011

SOS del Mar - 25



Sábado, 11 de septiembre de 2010


Último día de navegación y, por tanto, pocas fotos y mucho procesado para colgar las imágenes en el sistema del barco. Así a la gente le quedará algún recuerdo de su paso por Porcupine-2010. Me he levantado como siempre a las 6:30 pero como Iván, Rafa y Gonzalo barren toda la cubierta con su cámara y yo no puedo aparecer en encuadre (desde el punto de vista del guión se supone que estoy en Canadá) no me sirve de nada. Todo sea por el buen fin del docu de National Geographic.


La gente me ha tomado confianza, posa desinhibida y más de uno me pide abiertamente un retrato. Sobretodo desde que me pegué un tortazo de campeonato a la vista de todos. Tropecé caminando de espaldas, a la vez que tomaba fotos. El resbalón fue tan espectacular que me dejó la cadera dolorida para todo el viaje. Por suerte caí sobre unas cajas de pescado.

-“Y todavía fuiste afortunado porque los bichos sobre los que aterrizaste tienen espinas que pican como demonios” – me animó Biel, el jefe de cubierta.

José Ramón me ha guardado algunos animales “fotogénicos” pero, o no sé admirar su presunta belleza o, lo más probable, es que estoy agotado y no la veo. Al final solo he fotografiado una ofiura. Desde el 27 de julio ando fuera de casa y tras las habituales catorce horas de trabajo diarias, tengo casi todas las imágenes procesadas.

Draga Box Coren

Por la tarde los marineros tiraron una draga Box Corer más pequeña que la que se usa en el Miguel Oliver. Como el barco estuvo parado durante este proceso y desde el parque de pesca no cesaban de tirar al mar lucios, las gaviotas, bueno, los fulmares -puntualizan los biólogos- volaban como locos. Los alcatraces lo manifestaban de la manera más espectacular con descensos kamikaze en picado, pero en casi todas las fotos que tomé quedaron ocultos por la estela de agua que levantaba su chapuzón. Fallan los reflejos. Definitivamente, estoy cansado.


El mar es el lugar ideal para un crimen perfecto. No quedan testimonios y, por eso, tenemos la ineludible misión de salvarlo. Los estragos por el uso de tecnología punta que detecta los ahora exiguos bancos de peces; la sobreexplotación que ha condenado a desaparecer a las especies más comunes; la devastación del fondo del mar por los abusos de la pesca de arrastre; la impunidad que permite que hasta un ochenta por ciento de los seres vivos capturados se devuelvan muertos al agua por que no se pueden comercializar, nos obliga a movilizarnos para acudir al SOS del mar.

viernes 4 de febrero de 2011

SOS del Mar - 24



Viernes, 10 de septiembre de 2010


A pesar que esperábamos lo peor, amanece un día magnífico. Por la noche el barco se ha desplazado a zonas más tranquilas. Luce el sol y el fondo del mar está solo a 200 metros. Quizás por eso, en el primer lance, recogieron sobretodo bivalvos -mucha concha y que me perdonen en Argentina por esa expresión- que con la presteza habitual se clasificó, midió… etc.


Fran Velasco, el jefe de campaña, interrumpe un momento su trabajo para puntualizarme algunos aspectos cuando le hablo del tamaño de las piezas: “Los pesqueros comerciales no pueden capturar peces pequeños. Las inspecciones controlan las medidas de las redes. Nosotros tomamos una muestra insignificante, que permite conocer el estado de la población, para enviar esta información a la comisión de pesca de Atlántico Norte y a la Unión Europea”.

Con esos datos y los aportados por otros buques de diferentes nacionalidades que realizan un trabajo similar se toman las decisiones que afectan a los tres pilares sobre los que se sustenta la pesca: la ecología, el impacto sobre las sociedades que viven de ella y, por descontado, las consecuencias económicas que supone limitar las cuotas.


Los pescadores andan encantados con sus zapatas. No me refiero a los soportes de las cámaras donde se coloca el flash, sino a una especie de peces que cuelgan, para secarlos, en el pasillo que conduce a la cálida sala de máquinas. Por lo que cuentan están riquísimas. “Dos de ellas te valdrían tres euros en el mercado” – cuenta Currás, un marinero cuya hija es la novia de uno de los oficiales del Miguel Oliver, el barco con el que navegamos por Canadá. Y es que el mar es un pañuelo… las zapatas, limpias, constituyen una curiosa decoración al acceso la sala de máquinas, aunque ahora la temperatura no alcanza los cincuenta y un grados que padecieron Tenorio y los demás engrasadores en Irán.
 
Aunque el pronóstico era de muy mal tiempo el milagro habitual sucede y amanece soleado, con una luz limpia y brillante. A lo lejos un intenso arco iris certifica la tormenta de la que nos hemos librado. Claro que con la bonanza los lances se multiplican. Sobre las diez y media de la noche los científicos han acabado su trabajo, cubiertos de pescado hasta las orejas. Hago fotos y pregunto con educación:

-“¿Esta arañita amarilla como se llama?”

-“Pycnogonum littorale…”

-Muchas gracias… ¿y ese pececillo anaranjado?

-Aquí le llaman cabra de altura o gallineta

-¿Así, tan fácil?

-Bueno, nosotros lo conocemos como “Helicolenus dactylopterus”. ¿Quieres que te lo escriba?

-¡Ah! gracias…

 

Bego, del Centro Oceanográfico de la Coruña, a la vista de mi interés por fotografiar un rape con la barriga al aire se ofreció a darle la vuelta. Lo agradecí aunque, al cabo de un momento, le volví a pedir que lo girara otra vez. Luego me entró la vena creativa y, más que nada, para no mojarme la mano con la que sostenía la cámara, le pedí que repitiera de nuevo la operación. 

- “Sí, pero con cuidado. He de vigilar que no me muerda”.

-¿Morder? – le respondí, pensando en una broma - ¿no está muerta la pobre bestia?


-Va a ser que no – me contestó la bióloga. Y en aquel momento el rape se hinchó y, con la cara de pocos amigos que ponen los rapes cuando se enfadan, abrió unas fauces desde las que se podía ver casi la cola. Dentro yacían algunos pececillos. Los rapes tienen el corazón muy fuerte, la boca grande y mucha mala leche.


El mar es el lugar ideal para un crimen perfecto. No quedan testimonios y, por eso, tenemos la ineludible misión de salvarlo. Los estragos por el uso de tecnología punta que detecta los ahora exiguos bancos de peces; la sobreexplotación que ha condenado a desaparecer a las especies más comunes; la devastación del fondo del mar por los abusos de la pesca de arrastre; la impunidad que permite que hasta un ochenta por ciento de los seres vivos capturados se devuelvan muertos al agua por que no se pueden comercializar, nos obliga a movilizarnos para acudir al SOS del mar.

miércoles 2 de febrero de 2011

SOS del Mar - 23


Jueves, 9 de septiembre de 2010


Madrugón a las 6:30. Media hora más tarde se tiró por primera vez la red, aunque quizás debería haber dicho, con más propiedad “se largó el arte en el primer lance” usando la jerga de los pescadores que me explicó hace días el marinero Torres. El alba me pilló fotografiando todo esto y, enseguida, cuando “viraron”, es decir, cuando recogieron la red, peces de múltiples especies abandonaron para siempre su medio natural para pasar a mejor vida. Tendrán buen aspecto si posen un alma porque, lo que es su cuerpo, lo diseccionaron, midieron, clasificaron, estudiaron y contabilizaron los biólogos, para determinar la abundancia de los recursos y su distribución en las zonas donde habían pescado.

Los peces se arrojan desde la red a una compuerta. Una vez en la bodega del barco, en una zona que se denomina “pantano”, unas cintas mecánicas los arrastran hasta el “parque de pesca”. Allí lo esperan los científicos. Varias docenas de cajas y de brazos actúan al unísono para, como en el juego de la ruleta, colocar cada especie en su recipiente. Algunos peces eran grandiosos, otros llegaron a trocitos y, en medio, pulpitos (que fotografié especialmente porque les cogí cariño en el Oceanográfico de Vigo) estrellas de mar y otras formas de vida más inertes que fui incapaz de reconocer.


Cuando le preguntaba a alguien por el nombre de un pez específico me contestaban en latín. Por ejemplo, me impresionaron los enormes ojos amarillos de una especie de escualo (para mí) que (para ellos) era sencillamente un “Galeus melastomus”.

El mar se fue embraveciendo y, al final, de los cuatro lances previstos, solo se llevaron a cabo tres. En el último las olas amenazaban peligrosamente con invadir la cubierta. Fernando, uno de los marineros, me aconsejó que me marchara a un piso más alto pero, precisamente, ante la posibilidad de que podríamos acabar inundados, decidí quedarme para contarlo. Y tengo la foto. También tengo las botas (que he descubierto que no eran tan impermeables como se anunciaban) y los calcetines y los pantalones en remojo. Una ola barrió la cubierta y me cubrió hasta la cintura. Rafa y Gonzalo lo captaron perfectamente para el vídeo de National Geographic.

El parque de pesca, el piso inferior del barco, es la viva imagen de un mercado. Todos los peces reunidos, limpios y frescos de verdad. No me habría extrañado que alguien, quizás Begoña Castro, que trajinaba con merluzas, se hubiera animado a venderlo “¡¡¡ freeeesco, lo tengo fresquiiiísimo, recién saaacadito del mar!!!”.


"Bego"
El mar es el lugar ideal para un crimen perfecto. No quedan testimonios y, por eso, tenemos la ineludible misión de salvarlo. Los estragos por el uso de tecnología punta que detecta los ahora exiguos bancos de peces; la sobreexplotación que ha condenado a desaparecer a las especies más comunes; la devastación del fondo del mar por los abusos de la pesca de arrastre; la impunidad que permite que hasta un ochenta por ciento de los seres vivos capturados se devuelvan muertos al agua por que no se pueden comercializar, nos obliga a movilizarnos para acudir al SOS del mar.