martes 29 de junio de 2010

Saigón

EL NIDO DEL AVE FÉNIX

La ciudad se llama Ho Chi Minh pero a nosotros nos gusta explicar que vivimos en Saigón” cuenta un muchacho con el que entablo conversación en el autobús. “Aquí hay más trabajo y oportunidades que en el resto del país y si mira usted por la ventanilla percibirá la diferencia”. En efecto, grandes avenidas, gigantescos hoteles, boutiques de marcas e incluso algunos semáforos que los conductores respetan, son la prueba fehaciente que la ciudad más importante de Vietnam, sin ser la capital, es su motor económico.

En Saigón no cuesta trabajo orientarse. En el corazón del distrito I, junto a la Ópera, se encuentran hoteles de referencia aptos para cualquier bolsillo; la calle Le Thanh Ton para buscar un restaurante y, a menos de un kilómetro, la mayoría de museos, parques y edificios monumentales. También, como punto de encuentro de diferentes confesiones en Indochina existe otro Saigón más místico: pagodas budistas, templos taoístas, santuarios chinos, mezquitas islámicas, oratorios hindúes, iglesias católicas… todas en armonía e incluso en más de una se aprecia la influencia de las demás.

Por otra parte Saigón es un paraíso para los amantes de las falsificaciones. No hay que caminar mucho para encontrar bolsos, camisas, relojes, maletas, pantalones, vestidos de todas las marcas imaginables en los tenderetes del mercado de Ben Thanh, cerca del ayuntamiento y situado en una de las arterias principales de la ciudad.

Junto a tanta mercancía adulterada unos bodegones impecables de carne, pescado, vegetales y la actitud indolente de los vietnamitas que o bien te abordan exultantes para que compres algo o te ignoran olímpicamente si no desean nada de ti.

Las relativamente recientes masacres francesas y norteamericanas no son el mejor precedente para esperar miradas sonrientes de un occidental. En el “Museo de los Crímenes de guerra de agresión contra Vietnam” (antes “Crímenes de guerra estadounidenses”) no se cuenta ni una palabra de las atrocidades que pudo cometer el Vietcong. La historia, como en todas partes, la escriben los vencedores. Pero Saigón es una etapa obligada para entender la capacidad de renovación de esta nación. Como un ave Fénix renace una y otra vez de sus cenizas.

domingo 27 de junio de 2010

Hoia An - Patrimonio de la Unesco

LA CIUDAD DE LA LUNA LLENA

En las tierras del Dragón azul y el Tigre blanco la influencia del ying y del yang invita a la armonía. En el país que hoy llamamos Vietnam, hace ocho siglos, la enseñanza era gratuita y la impartían los letrados ancianos. Los alumnos más destacados accedían a la categoría de mandarines tras superar unas pruebas en las que se valoraba su capacidad para componer poemas, sus redacciones, sus comentarios de los textos clásicos o su capacidad de disertar sobre filosofía política. Hoy en día, cuando muchos dirigentes que gobiernan en naciones poderosísimas son incapaces de articular un segundo idioma, o políticamente afirman hablarlos en la intimidad, parece una utopía que imperios que sobrevivieron varios siglos pudieran elegir a sus mandatarios por su capacidad de prosa. Y esto pasaba en Vietnam.

La caída de la dinastía Ming en la vecina China propició que los mandarines y muchos altos funcionarios se fueran a refugiar aquí. Y entre todos los destinos posibles muchos eligieron Hoi An, entonces llamada Fai Fo, que era un próspero puerto comercial. La mayoría construyó lujosas casas acordes a su rango. Más tarde vinieron los japoneses y también contribuyeron al enriquecimiento de la ciudad, pero el milagro fue que tanta belleza continuara indemne tras los bombardeos americanos. Por todo ello posiblemente Hoi An es el lugar más bonito de Vietnam.

Un peligro le acecha, no obstante. Los monstruosos complejos turísticos preparados para miles de turistas que se edifican en la vecina y poco atractiva Danang. Visto lo sucedido en el Mediterráneo no es difícil pronosticar que la sensación de pasear por unas calles milenarias, rodeado de campesinos y comerciantes autóctonos, con unas playas maravillosas a solo cuatro kilómetros, tiene los días contados.

Confiemos que no desaparecerá, por lo menos, la costumbre de propiciar que en las noches de luna llena las linternas de papel con velas encendidas floten por el río Thu Bon, que significa otoño, mientras las barcas pasean a los visitantes y sortean los caprichos de las luces.

O los mercados de flores que nutren de ofrendas el altar dedicado a los antepasados en los comercios, o la cotidiana labor de los pescadores que tienden sus redes y ponen a cocer el pescado en las riberas del vecino poblado de Duy Hai. Pero, por el momento, éste es el lugar que el viajero tiene que visitar para reconocer la grandeza que un día hizo que Vietnam fuera la nación admirada y, como no, codiciada, por los grandes imperios.

viernes 25 de junio de 2010

Hue, corazón de Vietnam

LA VIDA EN EL RIO PERFUME Y MARISCO DE ZANAHORIA

Retorno por la autopista A-18 desde Halong Bay para tomar un avión en Hanoi. Esta vía rápida en realidad es una carretera de un solo carril con ciclistas, gallinas, búfalos, motoristas, camiones que conducen a todo trapo y campos de arroz espolvoreados de campesinos con el sombrero cónico característico.

Después de una parada en una fábrica de mármol con un lavabo para caballeros de foto, decidimos tomar una cerveza en un chiringuito de carretera. Nada más descender de la furgoneta, el milagro. La dueña del bar sentada, esperando futuros clientes entre una sinfonía de amarillos y azules que, ni a propósito, podría estar mejor organizado. Y nosotros éramos esos clientes, todos con una cámara en la mano.

A uno de los fotógrafos que ha venido con Click Dreaming se le ocurrió una frase bonita para crear una atmósfera favorable antes de pedir permiso para un retrato. Rogó a la traductora que le dijera de su parte “es usted muy guapa”. La chica así lo transmitió. La mujer se levantó y se marchó inmediatamente con cara de pocos amigos. Luego nos enteramos que una frase como esa, en Vietnam, tiene connotaciones insinuativas. Le estaba tirando los tejos sin proponérselo.

De entrada Hue es mucho más tranquila que Hanoi. El río que la divide se llama Perfume y está surcado de barcazas que transportan grandes cargas de tierra y lodo del fondo. Van tan cargadas que es preciso achicar constantemente el agua que entra en la embarcación para que no naufrague.

Otras barcas mucho más fotogénicas llevan, como no, un dragón en la proa. Por un precio razonable se pueden alquilar para visitar pagodas, templos y tumbas monumentales de personajes célebres cerca de la orilla. El calor es intenso y los pequeños monjes budistas del templo de Thien Mu se aproximan al único ventilador de la sala, aprovechando que los creyentes están por las ofrendas.

Luego el plato fuerte de la jornada: la ciudadela Imperial de Hue. Vamos en un grupo de cuatro y las dos muchachas de la taquilla nos timan diez dólares. Mientras una propicia una conversación con el típico “Where are you from?” la otra cambia un billete de diez dólares por otro de uno y, en medio de la cháchara, nos lo muestra como si nos hubiéramos equivocado dándole el pequeño por el grande.

De entrada, como no es una moneda familiar para el grupo, creímos que tenía razón y que el error era nuestro. Tomamos el billete de un dólar y le entregamos otro de diez. Finalmente lo que valía dieciséis salió por veinticinco. Cuando reparamos en el timo ya habían transcurrido varios minutos y no valía la pena volver atrás. Lo habrían negado las dos. Optamos por enviar una carta a la dirección de la Ciudadela comentando nuestras sospechas para que investiguen ellos. Cada día pasan cientos de visitantes por esa taquilla. Un negocio redondo. Como el que compra a 10, vende a 100, y con ese diez por ciento de margen hace su agosto.

El descubrimiento es el restaurante Ancient Hue; un lugar donde cada plato viene con un acompañamiento –yo más bien diría una obra de arte- esculpido con vegetales. El wok de marisco lleva dos gambas de zanahoria y un bonsái con un tronco que es una raíz de gin Seng y, las ramas, pequeñas coliflores. La langosta, esculpida también en zanahoria, lleva dos horas de trabajo. Placeres culinarios y visuales asiáticos, el culto a los sentidos.

El destino me tiene preparada una buena. Han quitado las barcas de Banyoles. Pero en el río Perfume encuentro pequeñas réplicas de la que fue un día el símbolo del lago: una embarcación en forma de pato. Como estamos en Oriente me lo tomo como un presagio. La próxima etapa es el pueblo más bonito de Vietnam: Hoi An. Y vamos a llegar en luna llena. Un festival de linternas nos espera.


miércoles 23 de junio de 2010

De donde los dragones

HALONG BAY EN EL "JASMINE"

Todos tenemos sueños y uno de los míos era conocer de primera mano esa bahía cercada por las aguas del golfo de Tonkin, surcada por más de dos mil pequeñas islas, que asemejan el dorso de un animal mítico de Oriente. Ha Long quiere decir "el lugar del descenso del dragón".

La carretera desde Hanoi no es tan pesada como cuentan las guías. Una vez más, las motos y sus curiosas cargas capaces de sorprender al más bregado hacen que el camino sea más corto de lo previsto, entretenidos en fotografiar desde la ventana.

Luego la magia de la noche. Islas en forma de pan de azúcar, escenario de épicas batallas y de historias cinematográficas maravillosas. El crepúsculo, desde la terraza del camarote, nos regala la atmósfera adecuada. Un azul eléctrico con sabor oriental.

Al cabo de pocas horas la tormenta. Los truenos desvanecen la oscuridad pero las pequeñas embarcaciones locales prosiguen inmutables su travesía a la busca de calamares. Esa noche seguro que la pesca será buena, atraídos por el fulgor de las bombillas de tungsteno y el resplandor del cielo.

Amanece y algunos pasajeros practican Tai-Chi antes de embarcarse hacia pequeñas playas perdidas entre 1.500 km cuadrados Patrimonio de la Humanidad. Es un placer constatar esa circunstancia por que, afortunadamente, la UNESCO consiguió frenar las maniobras de las mafias que querían expoliar los mejores islotes para construir viviendas de lujo y transformar esa bahía en el patrimonio de algunos pocos. A esos sí habría que pescarlos.

Al atardecer visita a poblados de pescadores que flotan en el mar, resguardados por las paredes cortadas a pico de montañas inexpugnables. Los sombreros cónicos vietnamitas les protegen de un sol de justicia. Falta poco para el anochecer. Tiempo de recoger las barcas y enfrentarse a una nueva tormenta. Todos los climas posibles en ese par de días.

Quedan muchas anécdotas en el tintero. Cuevas maravillosas, como las "grutas de la Sorpresa". Experiencias interesantes y hasta aconsejables para digerir el marisco: navegar en kayak por los recovecos de Ha Long, los baños en aguas templadas y la ausencia total de señal de telefonía y televisión. No hay internet. La comunicación sólo es posible cara a cara aunque el vietnamita es un idioma endiablado para un europeo. Menos mal que nos queda la sonrisa para romper barreras.

Foto de Fernando Martínez

sábado 19 de junio de 2010

La vida sobre ruedas

PRIMERA JORNADA CON CLICK DREAMING

Hanoi es prueba de fuego para corazones templados. O se ama o se odia, pero nadie permanece incólume a su ritmo. Hace falta mucha sangre fría para cruzar las avenidas de cuatro carriles con centenares de motos y coches apuntando al viandante. Nadie se detiene. Cada conductor se limita a tocar el claxon y a sortear los obstáculos humanos, con el mérito añadido de que no chocan con el vehículo de al lado. Un milagro que acaece miles de veces por segundo en Vietnam.

Hay pocos semáforos en Hanoi que, con algunas excepciones, los vehículos respetan (si paran bruscamente podría organizarse un choque en cadena). Pero un semáforo en general es una rareza, una lámpara de tres colores meramente decorativa. Lo que cuenta es el incesante tráfico rodado que no para, avivado por una temperatura muy elevada. La sensación de calor añadida que pueda sentir el viajero por el alto índice de humedad incrementa la sensación de agobio. Planteado así es comprensible que el ejército vietnamita, anárquico y poco entrenado, pudiera vencer a invasores tan superiores como la China, Francia o Estados Unidos. El mismo general que subyugó a Napoleón en Rusia, pero al revés.

Todo se resume, pues, en el clima y en el uso de las dos ruedas que se hace en este país. Las motos están omnipresentes dentro y fuera de las casas. La gente vive a la sombra durante el día y cocina en la calle por la noche. Podría ser la estampa típica de Hanoi.

La anarquía impera entre los edificios ahora coloniales, ahora socialistas, o entre las callejuelas de los mercados en donde las motos invaden las aceras y sortean a los transeúntes en un ejercicio de equilibrio todavía más difícil que en las avenidas. Un más difícil todavía que contrasta con la tranquilidad y la sonrisa de los vietnamitas. Los niños exploran las cámaras de los fotógrafos y ellos combaten el calor con cerveza. Faltan ojos para mirar el caos, pero es preciso ordenar la vida por el visor. Por eso estamos aquí.

En ocasiones una bicicleta es un milagro entre tanto tráfico rodado. Una pequeña concesión a los valores de antaño. Moverse para dar vueltas y más vueltas sobre las mismas contradicciones. Al fin y al cabo, la rueda ha permitido el avance y el retroceso de la Humanidad. Robert Capa murió a 111 kilómetros de aquí. Seguro que está jugando al póker con Saramago. Descansen los dos en paz. Acabó para ellos el movimiento. El desplazamiento es la vida y en Asia eso es la realidad.

jueves 17 de junio de 2010

Vietnam y Robert Capa

BUENOS DIAS DESDE VIETNAM


¡Hola internautas! Me quedan 5 minutos de conexión por lo que seré breve. Acabo de llegar a Vietnam y necesito una respuesta rápida

¿Alguien podría facilitarme el nombre del pueblo, ciudad... Vamos, las coordenadas. Me gustaría localizar el lugar donde murió Rober Capa? (foto)

Es un tema sentimental. Un abrazo y seguimos en contacto

martes 15 de junio de 2010

Un gran fotógrafo llamado Benito

MONTPHOTO, VIETNAM Y CAMBOYA

A punto de volar a Asia de nuevo, embarcado en un proyecto personal pero acompañado, en esta ocasión por los chicos de Click Dreaming, encontré la imagen que encabeza esta entrada en mi tarjeta. Es reciente. Está tomada el viernes pasado, tras la cena que prosiguió la presentación de MONTPHOTO-2010 en Lloret de Mar.

Un sonriente José Benito Ruiz muestra su trabajo a un grupo de comensales entre los que se distingue a Albert Masó, Cesc Casanova y Eli Mora de la Federació Catalana de Fotografia. Coincidir con Benito dos veces en una misma semana tiene su intríngulis ya que, en ese intervalo, es fácil que haya dado un par de vueltas a España avanzando en su proyecto SOS Paisajes del Mar. Su idea es conseguir la preservación del litoral fotografiando los lugares más bellos de la costa con la ayuda de innumerables aficionados y profesionales locales.

Cinco días antes también tuve el placer de presentar en Blanes su libro "Composición en Fotografía", un volumen escrito para fotógrafos y comunicadores visuales en el que, además de desarrollar largo y tendido los elementos más importantes de una foto, regala un capítulo impagable (bueno, sí puede pagarse comprándolo directamente en la web de Benito) de interés excepcional para cualquier fotógrafo: "Valorar una imagen". Una materia imprescindible que pocas veces encontraréis desarrollada tan a fondo.

Y puestos a seguir loando a este gran fotógrafo os recomiendo encarecidamente uno de sus libros, que para mí es un manual de cabecera: "El fotógrafo en la Naturaleza ". Es el manual más completo y el comprendio más ambicioso sobre conocimientos fotográficos que, por lo que sé, ha escrito e ilustrado un autor español.

Si Benito, en lugar de nacer en Alicante, lo hubiera hecho en Estados Unidos, seguro que este libro estaría en las estanterías de muchos países. Miraremos de practicar sus enseñanzas en Vietnam y Camboya. Él también tiene un viaje previsto con Click Dreaming: Tanzania

¡Ah! También haceros partícipe que otro gran fotógrafo de naturaleza español, Francisco Mingorance, ha ganado el primer premio en la categoría la historia del prestigioso concurso BBC 2010 y tres Highly Commended de propina. Me consta que a Fran le están siguiendo muy cerca en National Geographic Magazine.

sábado 12 de junio de 2010

Un lago sin barcas


EL INEXORABLE PASO DEL TIEMPO

Mis primeras fotos en color las tomé en Banyoles, el lugar donde vivo desde hace varios años acompañado por vecinos tan ilustres como Andoni Canela, Xavier Moret, Eva Van der Berg, Carles Fontseré, Josep Navarro Santaeulàlia, Paco Viciana, Gonzalo Tabuenca o Ernest Costa entre otros ... En la revista FOTO PROFESIONAL me dedicaron un articulito titulado: "Tino Soriano: la dignidad de las postales".

Las barcas eran una tentación irresistible para un fotógrafo primerizo como yo. Y también para los pintores, los deportistas, los visitantes, los amantes... ¡Cuántas promesas de amor al aire esforzándose con los remos!

Años más tarde cambiaron los colores. Imagino que les obligaron a uniformarse. Todas iguales, pintadas de azul a juego con el lago y con tiempos modernos por delante. A mí me gustaba que cada barca tuviera su personalidad, no obstante.

Ahora Joan, su propietario, se ha jubilado. Y con él también han desaparecido las barcas. A menos que alguien tome las riendas del negocio, una posibilidad que parece muy remota, es difícil que vuelvan. El lago ha quedado como vacío.

La fotografía tiene la cualidad de congelar el tiempo. Con ella podemos ver L'estany de Banyoles tal como era cuando llegué por primera vez.

Pero los años sí transcurren para el fotógrafo. Revisando mis archivos soy consciente que el tiempo ha pasado y que las cosas evolucionan para perpetuarse a sí mismas.

Quizás ahora el lago tiene una apariencia más natural sin las barcas. Pero creo que voy a echar en falta la vidilla y la personalidad que le daban. Un sitio maravilloso para vivir, a pesar de todo, aunque quizás ahora un poco vacío. Esta imagen la tomé el primer día sin ellas.

martes 8 de junio de 2010

Pongámosnos de acuerdo


LA BUTIFARRA DE JOAN BAEZ Y LA REBELIÓN DE LOS FOTÓGRAFOS

En el año 1972 -recordaba Pilar Aymerich a los congregados- la cantante Joan Baez dio un concierto en Barcelona. En el auge de su fama exigió al joven empresario Gay Mercader su total oposición a que le hicieran una sola foto. Los reporteros se quejaron y, en protesta, decidieron depositar sus cámaras en el suelo. Cuando la norteamericana vio el gesto de los informadores, añadió uno de su propia cosecha y les obsequió una ostentosa butifarra a los chicos de la prensa. Pero no te puedes fiar de estos malandrines, que diría el Gran Wyoming.

Un infiltrado fue por libre. La imagen de Joan Baez burlándose de los machacados reporteros españoles, curtidos en mil batallas y manifestaciones contra el franquismo y la censura, dio la vuelta al mundo. La butifarrada fue sonada. Sólo se tomó aquel día una foto, pero el disparo de Jaume Amor fue tan certero que, a partir de entonces, los músicos accedieron a que, por lo menos en las primeras interpretaciones, los fotógrafos pudieran hacer su trabajo. Menudos ellos. La unión hizo la fuerza. Por desgracia no he sabido encontrar esa imagen.

Algunos de esos jóvenes reporteros que estaban en aquel entonces bajo el escenario se encontraban ayer por la noche en el Col.legi de Periodistes de Catalunya. Algo más achacosos, pero en buena forma (fijaros en Agustí Carbonell más abajo) para escuchar las propuestas del nuevo decano. En pocas palabras Josep Maria Martí comunicó su predisposición para luchar y defender los intereses de los fotógrafos profesionales en estos tiempos que pintan bastos. Escuchó las opiniones de los presentes y propuso vehicular las propuestas, ideas y sugerencias, a través de una comisión liderada por la fotógrafa Ana Jiménez.

Josep Martí, Ana Jiménez y Lluís Salom representando a UPIFC invitaron a los fotógrafos que acrediten que trabajan o colaboran con cualquier medio profesional, a darse de alta en el Colegio de Periodistas. Una representación del colectivo gráfico más numerosa y las propuestas de la comisión podrán influir en las decisiones del organismo más importante con que contamos para exponer y defender los crecientes problemas de intrusismo, precios y abusos que padecen tantos fotoperiodistas hoy. Por lo menos será mejor que la eterna queja por separado.

De entrada se ha creado un blog para que los fotógrafos puedan aportar sus ideas por internet:

http://periodistesgrafics.wordpress.com

Escribir con copia a todos es un método que se ha revelado muy efectivo recientemente entre los fotógrafos que colaboran con el grupo editorial Sapiens. Ante un contrato abusivo y una aplicación de tarifas unilateral, están actuando todos a una y eso ha obligado a la editorial, por lo menos, a plantearse sus métodos. Mañana se encuentran todos a las 12 en el Bar Zurich de Barcelona, por si queréis añadiros a la peña.

Pepe Baeza, en una gran intervención, aconsejó que los fotógrafos defendamos la profesión en el plano de las ideas. Éste es un planteamiento positivo que confluye a una idea que escribí hace meses: es preciso crear conciencia de lo importante que es para los lectores que se publiquen buenas fotografías. Tomadas por profesionales que no solo saben lo que se llevan entre manos (y eso es lo más importante) sino que además pagan cuantiosos impuestos tanto directos como indirectos para ejercer la profesión. No lleva nada más que al cierre, por desinterés de los lectores, decorar revistas con imágenes al peso o gratuitas. Ahora ellos también entienden lo que es una buena fotografía o una chapuza tomada, por ejemplo, por el redactor que cubría la noticia.

Es preciso crear docencia entre los propios medios que están degradando la calidad sin ningún escrúpulo. Y denunciar sus malas artes, aunque provengan (que suele ser frecuente) de otra persona que también está colegiada. A estos efectos la colaboració del Col.legi de Periodistes puede ser muy importante.

Juan Guerrero finalizó el turno de las intervenciones con un toque de humor andaluz. "Antes los cementerios tenían flores naturales. Con todo lo bueno que aporta la fotografía digital, los resultados no dejan de recordarme a las flores de plástico que hoy en día te encuentras delante de la mayoría de tumbas". Toda una metáfora que cerró la jornada con aplausos.

Por cierto. Compré hace poco un CD con los Grandes Éxitos de Joan Baez, y me decepcionó. Sólo añadí a mi lista de iTunes su canción "Diamonds and rust". Una traducción un tanto subjetiva de este título sería "Los diamantes y el color del orín". Pues eso, Botifarra de pagès.