Lo llevaba todo multiplicado por dos. Incluso algunos accesorios por triplicado, como los discos duros. Dos equipos, dos juegos de objetivos, dos de cables… pero un solo cargador de baterías para cada cámara, una D-300 y una M9 que me consiguió con mucho esfuerzo Guillem Calatrava. El cargador de la Nikon, una noche, al conectarlo, emitió un extraño gruñido. Y después se murió para siempre. Uno de mis equipos fotográficos quedaba fuera de servicio en mitad del viaje. Sin baterías no hay fotos. Ahora ya no es como antes que podías comprar una pila en cualquier chiringuito.
Por fortuna eso sucedió el día antes de llegar a Wellington, la capital de Nueva Zelanda, donde encontré un solo cargador, marca “Inca” compatible con las baterías de Nikon, en el comercio más importante de la ciudad. Una amiga llamó a varias tiendas desde Londres hasta que dió con él y consiguió que me lo reservaran. Encima tuve que comprar un conversor porque los enchufes en Nueva Zelanda son especiales. Y todavía gracias que la avería no sucedió en algún lugar remoto. A partir de ahora viajaré también con dos cargadores por equipo. Seré (todavía más) una casa de suministros andante.
Hacía mucho tiempo que no realizaba un viaje largo. Mis últimas referencias fueron sendos encargos para el Geographic, aun con un par de centenares de carretes a cuestas y, como siempre, tan ligero de equipaje como era posible. En aquella ocasión me encargaron un libro sobre Nápoles y el sur de Italia.
También es cierto que ahora puedo hacer lo mismo con una cámara, dos objetivos, un disco duro portátil… y los correspondientes cargadores de baterías
He comprobado que mi metodología de viaje ha cambiado sustancialmente. Lo complicado, cuando te mueves con una mochila y un maletín de fotografía por el mundo, es confirmar cuánto vale y cuánto se demoran los desplazamientos desde el hotel hasta las estaciones de bus, trenes y aeropuertos. Una vez controlado este tema el resto es tirar de la madeja y, sobretodo, de la intuición. Por mi experiencia las mejores fotografías se toman en los lugares indicados transversalmente por las guías o, mejor aún, en los que ni siquiera se mencionan. Pero eso seguro que lo sabeis todos.
Como os decía, he llevado conmigo dos cámaras digitales… y media (una Lumix de la primera hornada que anuncié en Sudamérica y que utilizo para grabar en vídeo o tomar algunas fotografías informales como las que ilustran esta entrada). Y además un network y dos discos duros. Por eso ahora me encuentro que selecciono las pensiones, no tanto por su ubicación –que todavía cuenta, y mucho- sino en la medida que tengan internet a la disposición.
Antes, cuando entraba a una habitación, miraba la confortabilidad, las condiciones higiénicas, comprobaba que funcionara el agua caliente, que no diera a una calle ruidosa... Ahora busco desesperadamente enchufes. En muchas modestas guest houses solo tienen uno, y a veces en lugares inverosímiles, de manera que también tuve que hacerme con un adaptador universal de tres salidas en un mercadillo de Changmai para conectar las cargas de baterías y el ordenador a la vez. Trajino una buena colección de adaptadores para las clavijas de cada país.
En ocasiones los desplazamientos son muy largos. Algunas veces el paisaje es monótono y la luz aburrida. En estos casos más vale bajar la cortinilla, abrir Bridge y empezar a introducir los metadatos. Una tarea mucho más fácil ahora, con los recuerdos todavía frescos, que no dentro de varios meses. A veces los campesinos que viajan a mi lado en el autobús me miran como a un marciano. Claro que la mayoría son educados y disimulan.

Cada vez que una tarjeta se llena… descarga en mi disco duro de viaje Nexto Extreme (recomendado por Fran Simó), copia en mi ordenador Asus (recomendado por Marc Sala) desde donde, una vez introducidos los correspondientes metadatos, hago una segunda copia de seguridad en mi Lacie Mini-Disk (recomendado por Ofelia de Pablo).
En resumen, a la que te has dado cuenta, contando que siempre le hechas un vistazo al foco de las fotos y todas esas cosas, transcurren un par de horas largas desde que abres el ordenador… y seguro que me quedo corto. A pesar que a veces he usado un GPS incorporado a la réflex (también recomendado por Fran Simó y Joan Vendrell) localizar el nombre de las calles y otros datos de interés para incorporarlos a la información consume mucho tiempo. No le puedo dar a VIAJAR la latitud y la longitud geográfica para el pie de foto.
También me comunicaba con mi familia a través de Skype –media hora más- leía las guías o algunas entradas por internet para preparar la salida del día siguiente –otros tres cuartos- y me dormía exhausto porque normalmente me levanto antes de las seis para que la salida del sol me encuentre trabajando o en camino hacia alguna parte.
Por lo menos con tanto trabajo he perdido algo de peso. Normalmente, en cada reportaje superior a un mes fuera de casa vuelvo con seis a ocho kilos menos. Un valor añadido a esta vuelta al mundo. Aquí una foto que me hice al salir y abajo otra más reciente. ¡Para que luego digan que fotografiar no requiere ningún esfuerzo!.
¡Ah! Y revisar el correo urgente y dedicarle un buen rato al blog. Antes llegaba a la habitación, tiraba los carretes usados en una bolsa y me tumbaba en la cama. Ya revelaría, editaría y pondría los pies de foto más adelante.
Creo que gozaba más de mi descanso y/o me dedicaba más a tomar fotos. Eran otros tiempos… ahora llego a más gente pero quizás ahora soy menos efectivo. Y me paso la vida haciendo copias de seguridad. En eso, y en otros temas más que ahora no vienen al caso, reconozco que soy un poco neurótico.
Mi agradecimiento más sincero a VIAJAR, a AIR NEW ZEALAND y a todos vosotros por vuestro apoyo durante estos meses de viaje. Ahora, de vuelta a España, confío que nos veremos personalmente la semana próxima en La Palma, junto a los directores de fotografía de National Geographic Magazine y los grandes fotógrafos invitados; o en los talleres confirmados en mi blog de comunicaciones en Pamplona, Valencia, Donosti, Barcelona, Ripollet, Vilafranca del Penedès y, para los que se animen, en los viajes fotográficos en Asia. ¡Gracias por estar ahí!







Es tan importante la figura de Marilyn en Los Angeles que varias muchachas se turnan para que no falte ni un momento en Hollywood Boulevard la rubia más famosa del mundo con su sugerente vestido blanco. También los del Museo de Madame Tusseauds trajinan a la calle otra Marilyn de cera para que la gente se fotografíe al lado de ella gratis y, de paso, se animen a visitar las instalaciones. No pasa lo mismo con los figurantes de carne y hueso que esperan, como mínimo, un dólar por hacer poses cutres con los turistas que pescan en el tumulto. Preside mi habitación del hotel, la 35, un retrato de metro y medio de la rubia platino, que decora con buen gusto la pared y me alegra los despertares.











Una ayuda magnífica para viajar por Nueva Zelanda son los centros E-Site, ubicados en las terminales y en los lugares más concurridos. Una combinación de agencia de viaje (aunque no cargan comisión), oficina de información turística y tienda de recuerdos. Sus empleados se encargan de asesorar, hacer la reserva de los hoteles y los medios de transporte si el cliente lo requiere, de manera que es posible entrar en el primero que encuentras, nada más aterrizar en Auckland, y salir con toda la ruta organizada a precios muy interesantes. Una iniciativa encomiable que resuelve la mayor parte de problemas del viaje.



Paradójicamente, hoy viven de mirarlas. Siempre había soñado con ver una de cerca. Me gustaron los delfines de cabeza blanca saltando felices en el mar. Todo eso es posible aquí. Los “Whale Watch” zarpan cada media hora en una travesía que dura tres. La empresa garantiza





Luego voy a ver la actuación que los maoríes realizan en el Marae, su recinto sagrado de reunión. Una exhibición de folclore en la que el público participa activamente. Quizás demasiado...
Tanto me gustó el geiser que lo visité una vez más, ahora por la noche. La magia del emplazamiento la resumió perfectamente Bryan Hughes, el director de otro parque termal, el “Hell Gate” (La puerta del infierno): “Existen tres lugares en el mundo donde ver géiseres. En Yellowstone están muy alejados entre sí; en Islandia hay que moverse en helicóptero y aquí los tenemos a un tiro de piedra”.