viernes 31 de diciembre de 2010

SOS del Mar - 9


 
Jueves, 12 de agosto de 2010

Día gris, lluvioso, no pasa absolutamente nada. No se tira la draga de roca porque el fondo es fangoso. La otra se ha estropeado. Cuando sube, tras un viaje de 1.234 metros, la cuchara que recoge muestras del fondo está blincada. Esto significa que el día será nulo para los investigadores. Fotografío desde arriba a los marineros reparándola. El mar está muy encrespado y la tarea es difícil.

Toño me ha tomado confianza y me recita algunos de sus poemas. Son tiernos y  bien intencionados como él. Las palabras corazón, añoranza, amor y amistad las repite constantemente, culminadas por infinitivos que adquieren una dimensión entrañable en sus labios.

Cuando un marinero cruza por primera vez el Ecuador –me explica- el capitán le lleva al puente de mando y le ordena que otee por la ventana hasta que aparezca la línea del Ecuador sobre el mar. Lógicamente no llega a verla, pero mientras tanto los compañeros han preparado varios cubos de vino y harina que le tiran cuando desciende a cubierta y lo dejan como un guiñapo. Luego, el capitán le recita unas palabras y, oficialmente, queda nombrado marinero que ha traspasado el Ecuador. Por la noche se organiza una fiesta donde no falta la queimada. Así me pasó a mí e imagino que, en algún barco, todavía lo seguirán haciendo de la misma manera”. Luego se va con el resto de marineros a jugar a la canasta. La niebla no nos abandona. Mañana será otro día.




Viernes, 13 de agosto de 2010


Nada de nuevo. Solo más niebla, dragas de fango y Photoshop todo el día. Hoy es el cumpleaños de Eugenio y le propongo una foto para su familia. Se lo merece. Me había contado Mari Paz que la medalla que me regaló le llevó, por lo menos, cinco horas de trabajo. "Fuíste un privilegiado - me dijo -por que raras veces suele hacer este tipo de obsequios". Le propongo un retrato y no me dice no. Enseguida se presenta con su mono de trabajo azul. Le sugiero que se ponga un casco rojo y le comento que parece del Barça. ¡No jodas, que soy del Madrid! - exclama. Eugenio no sonríe a menudo. A él le gusta salir serio en las fotos, con la mirada un poco perdida, como en las películas.


Luego me explica que perdió a su tercera hija cuando la pequeña tenía nueve años. Nació con una lesión cerebral y nunca pudo ni hablar ni caminar. “Fue muy duro para mi mujer porque tenía que llevar sola a nuestros cuatro hijos y yo permanecía siete meses embarcado. De hecho, cuando murió, me encontraba muy lejos. No pude, ni consolarla, ni asistir al entierro de la niña”.


En cambio mi hija me ha escrito un mail. Me cuenta sus cosas del cole y me pide una estrella de mar. Le pregunto si tiene alguna –si es que sobran- a Mari Paz, la responsable del laboratorio. Por descontado que no. Es difícil porque están recogiendo muy poco material, pero quizás la semana que falta las cosas cambiarán. De momento tengo una pequeña piedrecita recogida a 2.200 metros de profundidad para Annais. No es mucho, pero tiene valor. Por lo que pueda ser, fotografío una estrella de mar. Será mi regalo. 


El mar es el lugar ideal para un crimen perfecto. No quedan testimonios y, por eso, tenemos la ineludible misión de salvarlo. Los estragos por el uso de tecnología punta que detecta los ahora exiguos bancos de peces; la sobreexplotación que ha condenado a desaparecer a las especies más comunes; la devastación del fondo del mar por los abusos de la pesca de arrastre; la impunidad que permite que hasta un ochenta por ciento de los seres vivos capturados se devuelvan muertos al agua por que no se pueden comercializar, nos obliga a movilizarnos para acudir al SOS del mar.

2 comentarios:

Agustin Rueda dijo...

Cuanta ternura.

Paco Elvira dijo...

Sólo espero que no llevaras la Leica colgada al cuello cuando te tiraron los cubos de harina y vino.
Un abrazo