Domingo 8 de agosto de 2010
Esta noche el barco ha bailado de lo lindo. Fui a dormir temprano porque nos teníamos que levantar a las 6:30 para iluminar la cocina y grabar como preparan los croissant el domingo. Iván Bouso, el director del documental, trabaja rehaciendo un guión –el marrón que le toca en cada grabación- aunque ha dado buena cuenta del trozo de tarta que dejó ayer. Rodamos una escena en cubierta temprano. Como estamos dragando a más de dos mil metros de profundidad, el recorrido de la Mega Box Corer ha sido lento.
A partir de las dos grabamos a Irene - la "cojita"- como se llama a sí misma, procesando el barro procedente del fondo del mar. Prepara lo que denomina “réplicas”. La idea es que, en lugar de enviar toneladas y toneladas de barro para su análisis en tierra, en el Miguel Oliver el equipo de biólogos clasifica las especies vivas encontradas en cada cubo de barro y los geólogos obran igual con los minerales. La “réplica” de Irene reúne la estructura, la distribución geológica y el contenido de cada una de las muestras que se obtuvieron con la Mega Box Corer en unas gasas en las que, aplicando técnicas específicas, consigue adherir los sedimentos.
Se avecina una tormenta. Parece ser que el martes nos llegará la mar de fondo de un tifón del Caribe.
Lunes, 9 de agosto de 2010
“Encargamos sesenta quilos de patatas cortadas, a punto para freírlas, y nos trajeron seiscientos” – cuenta Vicente Miranda, el jefe de cocina. Rodamos juntos una escena y me toca probar una cucharada de fabada asturiana a las ocho de la mañana, antes del desayuno. De auerdo con el guión he de decirle que está estupenda, pero a mediodía repito plato porque está buena de verdad. Este hombre borda los cocidos. Le tomo una foto a todo el personal en agradecimiento. La verdad es que me tratan tan bien que, a veces, imagino que, cuando me tengan bien cebado, me cocinarán.
La draga se ha estropeado y no se tira su homónima de roca porque el fondo es arenoso. Al final reparan la Box Corer y sobre las dos de la tarde empieza otra vez el baile: a drenar el fondo del mar. La superficie está en calma chicha y nada parece augurar el balanceo que, en teoría, nos espera a partir de mañana.
La gente embarcada vive en dos mundos diferentes. “El mar es como un satélite de la Tierra, como un mundo aparte – filosofa entre cigarro y cigarro Manu. Vives en medio del océano y no tienes escapatoria. La convivencia con los demás has de llevarla bien porque es la única familia que tienes”.
La pesca es más difícil porque, con el tiempo, se pierde la paciencia y los buenos modales. La gente anda cada vez más nerviosa y al final saltan chispas. “Y además, cuando llevas siete meses embarcado, en casa eres un estorbo” sentencia Geniño. Ya me dirá usted qué puedes hacer…”
Esta tarde he estado practicando con el equipo de macro del barco, ensayando diferentes iluminaciones y aumentos con los dibujos en los caparazones de los escasos animalitos a tamaño mayor que un gusano poliqueto que abundan en las dragas. Luego decido pasar una hora en el Puente de Mando con el capitán. El anochecer se me antoja mágico desde allí, en compañía de Crisanto, el capi. Navegamos entre la niebla...
El mar es el lugar ideal para un crimen perfecto. No quedan testimonios y, por eso, tenemos la ineludible misión de salvarlo. Los estragos por el uso de tecnología punta que detecta los ahora exiguos bancos de peces; la sobreexplotación que ha condenado a desaparecer a las especies más comunes; la devastación del fondo del mar por los abusos de la pesca de arrastre; la impunidad que permite que hasta un ochenta por ciento de los seres vivos capturados se devuelvan muertos al agua por que no se pueden comercializar, nos obliga a movilizarnos para acudir al SOS del mar.






1 comentarios:
Muy bueno este diario, se sigue con verdadero interés.
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