Esta semana me embarco por segunda vez en el Transcantábrico aunque en sentido opuesto a mi viaje anterior. Salimos de Santiago de Compostela y cuando el tren llegue a Bilbao y San Sebastian, tras visitar Asturias y Cantabria, volveremos vía enclaves del románico palentino hasta León, donde concluirá mi viaje.No pretendo redactar una crónica de esta experiencia, tanto en lo cultural como en lo gastronómico (con todo lo que encierran ambos conceptos en el norte de España) sino dar noticia de mis encuentros con algunas personas que he conocido, lo que me parece reseñable también.
El tren está lleno de norteamericanos y el nivel social de los pasajeros es alto. “Todas estas personas, de alguna manera, han triunfado en su profesión” - me comenta Sharon, una consejera económica jubilada tremendamente lúcida e inteligente. En otros encargos de National Geographic he trabajado también con gente con un alto nivel adquisitivo, como en el Royal Scotsman o el Rovos Rail, en Escocia y Sudáfrica. Por otra parte también he cubierto historias sobre gente rematadamente pobre porque ésta es la grandeza de la fotografía.
Algunos pasajeros, muy pocos, son extravagantes. Pero la mayoría son personas interesantes. Roland, por ejemplo, tiene 92 años y viaja solo. Sonríe y en ocasiones extrae su dentadura postiza discretamente. Su secreto es dormir todas las noches con las ventanas de par en par abiertas y beber un par de copas de vino al día.
Las historias de gente rica también me parecen interesantes. Trabo una buena amistad con David. Un día se puso a tocar el piano para nosotros y ya no hubo otra música más valiosa en el tren que la que surgía de sus dedos. “Para ganarme la vida cuando era muy joven tocaba los fines de semana como pianista en una orquesta muy humilde. Luego me hice ingeniero y, cuando tuve cincuenta y dos años y cuatro hijos, empecé a estudiar economía, que es lo que me ha permitido este retiro”.
Elisabeth tiene, en cambio, origen coreano. Huyó de la dictadura china y ahora se siente plenamente americana. Tiene ochenta y siete años, camina mal y a menudo necesita una silla de ruedas. Esta anestesista jubilada que se pasó una semana llorando la matanza del once de septiembre me explica sus planes al tiempo que escribo estas notas. “Viajo sin parar. Hace poco estuve en el Polo Norte y cuando acabe con el Transcantábrico recorreré la costa oeste africana porque me entusiasma la antropología y estoy escribiendo un libro sobre las formas de vida de esta zona del mundo. Luego iré a Madagascar, Mozambique y las Galápagos ¿sabes? Estoy estudiando la historia de la evolución de la Tierra y me interesan algunos fenómenos geológicos que tan sólo se pueden ver allí”.
¿Es esa la clave que se esconde detrás del triunfo y la supervivencia? ¿La capacidad de reinventarse y mantener viva la curiosidad? A tenor de mis conversaciones con estos pasajeros esta vía no parece nada desdeñable. Cuando algunas personas me explican que su sueño es jubilarse y dejar de trabajar a los cincuenta y cinco años, dudo que sea una alternativa envidiable. Pero bueno, en el fondo depende de ti el sentido que le des a tu vida. “La vida será como tú te la imagines” - concluye Bob.
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7 comentarios:
La primera foto, la de la señora es buenisima, calido y frio.
Buenas fotos acompañadas de buenas historias,un placer seguir tu bloc,aun hay que aprender mucho de ti.
Un saludo.
http://manelluque.blogspot.com/
Somos muchos los que te seguimos pero no te comentamos, mas que nada porque solo nos interesa aprender sin intervenir.
Encarnas a la perfeccion la figura del fotografo viajero, que mas que paisajes retrata paisanos, y que nos enseña que tanto aporta el pobre con su desgracia que el rico con su vivencia.
Sigue enseñandonos el mundo Tino.
Saludos y un abrazo, de quien de mayor le gustaria ser como tu.
Tino, ¡yo también quiero ser como tú de mayor!
Por cierto, precioso el último retrato, en la que veo que usas la D300 en vez de la Leica ¿que tal te va con la M9?
Abrazos desde el sur.
Gracias a todos aunque, José, eso de "cuando sea mayor..." ¿qué insinúas? Todas están tomadas con la Leica M9 que, por cierto, me falla cada dos por tres. Tengo que llevarla a reparar y escribí a Disefoto para ver si tenían disponible una cámara de cortesía, ya que pueden estar de uno a dos meses con ella. Pero estamos en España y ni siquiera se han molestado en contestar mi mail. Aviso a navegantes...
Consigues que las fotos trasmitan la forma de vida y las personalidad de sus protagonistas. Estupendo Tino, compartir esos pensamientos de personas que tal vez nos den las claves de preguntas.
Entrañable reportaje. Espero nos volvamos a encontrar a bordo de El Transcantábrico el año próximo. Un saludo
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