“La ciudad se llama Ho Chi Minh pero a nosotros nos gusta explicar que vivimos en Saigón” cuenta un muchacho con el que entablo conversación en el autobús. “Aquí hay más trabajo y oportunidades que en el resto del país y si mira usted por la ventanilla percibirá la diferencia”. En efecto, grandes avenidas, gigantescos hoteles, boutiques de marcas e incluso algunos semáforos que los conductores respetan, son la prueba fehaciente que la ciudad más importante de Vietnam, sin ser la capital, es su motor económico.
En Saigón no cuesta trabajo orientarse. En el corazón del distrito I, junto a la Ópera, se encuentran hoteles de referencia aptos para cualquier bolsillo; la calle Le Thanh Ton para buscar un restaurante y, a menos de un kilómetro, la mayoría de museos, parques y edificios monumentales. También, como punto de encuentro de diferentes confesiones en Indochina existe otro Saigón más místico: pagodas budistas, templos taoístas, santuarios chinos, mezquitas islámicas, oratorios hindúes, iglesias católicas… todas en armonía e incluso en más de una se aprecia la influencia de las demás.
Por otra parte Saigón es un paraíso para los amantes de las falsificaciones. No hay que caminar mucho para encontrar bolsos, camisas, relojes, maletas, pantalones, vestidos de todas las marcas imaginables en los tenderetes del mercado de Ben Thanh, cerca del ayuntamiento y situado en una de las arterias principales de la ciudad.
Junto a tanta mercancía adulterada unos bodegones impecables de carne, pescado, vegetales y la actitud indolente de los vietnamitas que o bien te abordan exultantes para que compres algo o te ignoran olímpicamente si no desean nada de ti.
Las relativamente recientes masacres francesas y norteamericanas no son el mejor precedente para esperar miradas sonrientes de un occidental. En el “Museo de los Crímenes de guerra de agresión contra Vietnam” (antes “Crímenes de guerra estadounidenses”) no se cuenta ni una palabra de las atrocidades que pudo cometer el Vietcong. La historia, como en todas partes, la escriben los vencedores. Pero Saigón es una etapa obligada para entender la capacidad de renovación de esta nación. Como un ave Fénix renace una y otra vez de sus cenizas.
2 comentarios:
Espectacular la primera foto, una foto mágica por el momento, la luz, la paz y caos que transmite... Un verdadero lujo de viaje
A mi me gustó más que Hanoi. El jaleo de motocicletas es memorable.
Publicar un comentario en la entrada