Retorno por la autopista A-18 desde Halong Bay para tomar un avión en Hanoi. Esta vía rápida en realidad es una carretera de un solo carril con ciclistas, gallinas, búfalos, motoristas, camiones que conducen a todo trapo y campos de arroz espolvoreados de campesinos con el sombrero cónico característico. Después de una parada en una fábrica de mármol con un lavabo para caballeros de foto, decidimos tomar una cerveza en un chiringuito de carretera. Nada más descender de la furgoneta, el milagro. La dueña del bar sentada, esperando futuros clientes entre una sinfonía de amarillos y azules que, ni a propósito, podría estar mejor organizado. Y nosotros éramos esos clientes, todos con una cámara en la mano.
A uno de los fotógrafos que ha venido con Click Dreaming se le ocurrió una frase bonita para crear una atmósfera favorable antes de pedir permiso para un retrato. Rogó a la traductora que le dijera de su parte “es usted muy guapa”. La chica así lo transmitió. La mujer se levantó y se marchó inmediatamente con cara de pocos amigos. Luego nos enteramos que una frase como esa, en Vietnam, tiene connotaciones insinuativas. Le estaba tirando los tejos sin proponérselo.
De entrada Hue es mucho más tranquila que Hanoi. El río que la divide se llama Perfume y está surcado de barcazas que transportan grandes cargas de tierra y lodo del fondo. Van tan cargadas que es preciso achicar constantemente el agua que entra en la embarcación para que no naufrague.
Otras barcas mucho más fotogénicas llevan, como no, un dragón en la proa. Por un precio razonable se pueden alquilar para visitar pagodas, templos y tumbas monumentales de personajes célebres cerca de la orilla. El calor es intenso y los pequeños monjes budistas del templo de Thien Mu se aproximan al único ventilador de la sala, aprovechando que los creyentes están por las ofrendas.
Luego el plato fuerte de la jornada: la ciudadela Imperial de Hue. Vamos en un grupo de cuatro y las dos muchachas de la taquilla nos timan diez dólares. Mientras una propicia una conversación con el típico “Where are you from?” la otra cambia un billete de diez dólares por otro de uno y, en medio de la cháchara, nos lo muestra como si nos hubiéramos equivocado dándole el pequeño por el grande.
De entrada, como no es una moneda familiar para el grupo, creímos que tenía razón y que el error era nuestro. Tomamos el billete de un dólar y le entregamos otro de diez. Finalmente lo que valía dieciséis salió por veinticinco. Cuando reparamos en el timo ya habían transcurrido varios minutos y no valía la pena volver atrás. Lo habrían negado las dos. Optamos por enviar una carta a la dirección de la Ciudadela comentando nuestras sospechas para que investiguen ellos. Cada día pasan cientos de visitantes por esa taquilla. Un negocio redondo. Como el que compra a 10, vende a 100, y con ese diez por ciento de margen hace su agosto.
El descubrimiento es el restaurante Ancient Hue; un lugar donde cada plato viene con un acompañamiento –yo más bien diría una obra de arte- esculpido con vegetales. El wok de marisco lleva dos gambas de zanahoria y un bonsái con un tronco que es una raíz de gin Seng y, las ramas, pequeñas coliflores. La langosta, esculpida también en zanahoria, lleva dos horas de trabajo. Placeres culinarios y visuales asiáticos, el culto a los sentidos.
El destino me tiene preparada una buena. Han quitado las barcas de Banyoles. Pero en el río Perfume encuentro pequeñas réplicas de la que fue un día el símbolo del lago: una embarcación en forma de pato. Como estamos en Oriente me lo tomo como un presagio. La próxima etapa es el pueblo más bonito de Vietnam: Hoi An. Y vamos a llegar en luna llena. Un festival de linternas nos espera.

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