LA CIUDAD DE LA LUNA LLENA
En las tierras del Dragón azul y el Tigre blanco la influencia del ying y del yang invita a la armonía. En el país que hoy llamamos Vietnam, hace ocho siglos, la enseñanza era gratuita y la impartían los letrados ancianos. Los alumnos más destacados accedían a la categoría de mandarines tras superar unas pruebas en las que se valoraba su capacidad para componer poemas, sus redacciones, sus comentarios de los textos clásicos o su capacidad de disertar sobre filosofía política. Hoy en día, cuando muchos dirigentes que gobiernan en naciones poderosísimas son incapaces de articular un segundo idioma, o políticamente afirman hablarlos en la intimidad, parece una utopía que imperios que sobrevivieron varios siglos pudieran elegir a sus mandatarios por su capacidad de prosa. Y esto pasaba en Vietnam.
La caída de la dinastía Ming en la vecina China propició que los mandarines y muchos altos funcionarios se fueran a refugiar aquí. Y entre todos los destinos posibles muchos eligieron Hoi An, entonces llamada Fai Fo, que era un próspero puerto comercial. La mayoría construyó lujosas casas acordes a su rango. Más tarde vinieron los japoneses y también contribuyeron al enriquecimiento de la ciudad, pero el milagro fue que tanta belleza continuara indemne tras los bombardeos americanos. Por todo ello posiblemente Hoi An es el lugar más bonito de Vietnam.
Un peligro le acecha, no obstante. Los monstruosos complejos turísticos preparados para miles de turistas que se edifican en la vecina y poco atractiva Danang. Visto lo sucedido en el Mediterráneo no es difícil pronosticar que la sensación de pasear por unas calles milenarias, rodeado de campesinos y comerciantes autóctonos, con unas playas maravillosas a solo cuatro kilómetros, tiene los días contados.
Confiemos que no desaparecerá, por lo menos, la costumbre de propiciar que en las noches de luna llena las linternas de papel con velas encendidas floten por el río Thu Bon, que significa otoño, mientras las barcas pasean a los visitantes y sortean los caprichos de las luces.
O los mercados de flores que nutren de ofrendas el altar dedicado a los antepasados en los comercios, o la cotidiana labor de los pescadores que tienden sus redes y ponen a cocer el pescado en las riberas del vecino poblado de Duy Hai. Pero, por el momento, éste es el lugar que el viajero tiene que visitar para reconocer la grandeza que un día hizo que Vietnam fuera la nación admirada y, como no, codiciada, por los grandes imperios.
1 comentarios:
Genial la primera foto Tino! me gusta mucho también la nocturna del rio.
saludos!
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