Como siempre, controles especiales para embarcar a los Estados Unidos. Afortunadamente en Rarotonga no se tomaron un cuarto de hora por pasajero revisando el equipaje de mano, como en Barcelona la última vez que volé a Washington. Al final consiguieron que el avión saliera con tres horas de retraso y que los pasajeros perdiéramos todas las conexiones. Temas de la seguridad. Una funcionaria, no obstante, me confiscó un pequeño pintalabios de crema de cacao porque “puede ser peligroso para la tripulación”. Creo que, definitivamente, hemos perdido los papeles...
Una vez resueltos los trámites de aduana tomé el metro para ir a mi hostal, ubicado en Hollywood Boulevard, a pocos metros de donde se celebra la ceremonia de los Oscar. En el vagón me llama la atención un anuncio en español. Caras de niños adorables y debajo la inscripción: “Ámelos, no les dispare”. Luego el texto especifica “Por favor, no descargue la pistola al aire el día de Año Nuevo”. Lo dicho, perdiendo los papeles…
He viajado varias veces a Estados Unidos, la capital del imperio, y siempre tengo la misma sensación. Este país se alimenta de dinero. La confianza del consumidor, como se dice ahora. Sus residuos son una legión de vagabundos que tanto los ves en Nueva York, como en San Francisco o en Los Angeles y tipos con evidentes desequilibrios mentales por todas partes. Imagino que es la presión social, la necesidad de triunfar, de emerger en una sociedad tan competitiva, lo que aparta a los más débiles del camino con la fuerza de un tsunami. En este país has de ser Superman si quieres llegar a alguna parte.
Esta inmensa ciudad está diseñada para recorrerla motorizado y, aún así, los desplazamientos suelen ser largos. La sensación que tengo moviéndome por Los Angeles es que existen buenas aceras, grandes espacios pero muy poca gente para tanto asfalto. Avenidas de cuatro carriles, vacías cuando no es hora punta, que miden kilómetros de extensión… y un servicio de metro y autobús impecable, cómodo, puntual y capaz de llevarte a cualquier destino con agilidad.
Es domingo y tengo la ventaja que es el día que más gente visita Hollywood Boulevard. De manera que al salir del hotel me sumerjo rápidamente en el ambiente. Allí está Jesucristo departiendo amigablemente con un señor disfrazado del abuelo “Kentucky Friend Chiken” y con Michael Jackson. Y los personajes de muchas películas: Batman, Spiderman, Superman, la Superchica, la mujer-gato, el capitán América, la Masa, los piratas del Caribe, el muñeco diabólico, el Zorro, Micky Mouse, Snoopy, Indiana Jones, algunos robots, el malo de la “Guerra de las Galaxias”, la Campanilla de Peter Pan, otra docena de figurantes… y Marilyn. (Nota para los lectores menos avispados: yo soy el de la derecha).
Es tan importante la figura de Marilyn en Los Angeles que varias muchachas se turnan para que no falte ni un momento en Hollywood Boulevard la rubia más famosa del mundo con su sugerente vestido blanco. También los del Museo de Madame Tusseauds trajinan a la calle otra Marilyn de cera para que la gente se fotografíe al lado de ella gratis y, de paso, se animen a visitar las instalaciones. No pasa lo mismo con los figurantes de carne y hueso que esperan, como mínimo, un dólar por hacer poses cutres con los turistas que pescan en el tumulto. Preside mi habitación del hotel, la 35, un retrato de metro y medio de la rubia platino, que decora con buen gusto la pared y me alegra los despertares.
Luego visité la ciudad en transporte público. Un billete para todo el día cuesta poco más de tres euros. Otro anuncio que me llama la atención. Fotografía de una adolescente adorable con otro titular contundente: “YO SÉ” y abajo, con letra más pequeña: “Que la clamidia y gonorrea me pueden causar problemas cuando quiera tener un bebé”. Una tercera sentencia remata el aviso con un cierto tono paternalista: “Que puedes tener clamidia y gonorrea y no saberlo”. Curiosamente estos anuncios están escritos solo en español en una ciudad donde es muy habitual el bilingüismo.
Para comer tiro de “Fresh and Easy” un establecimiento que, por cierto, carece de cajeros. De ahí que sea “easy”. Eliges, facturas tú mismo, pagas y te vas como has venido, aunque un poco más cargado. Por lo que he observado la responsabilidad de la gente en Los Angeles es grande y su honestidad se aprecia también en los transportes públicos. No hay vigilancia y, desde luego, menos picaresca que en nuestra tierra. Hasta los mendigos y las personas con problemas mentales demuestran un respeto por los demás y raras veces son agresivos. Sencillamente, están por ahí. Luego tiro de tópico y me voy a ver como viven los ricos en Santa Monica:
Otra cosa que aprecio de los Estados Unidos son sus grandes museos gratuitos. En Washington necesitas varias jornadas para visitar el legado Smithsonian y, en Los Angeles, me despacho a gusto contemplando exposiciones de fotografía, muchas obras maestras de la pintura y una exposición temporal sobre Leonardo de Vinci...
Pero la cabra siempre tira al monte y me resisto a marchar de Hollywood sin visitar los estudios de la Universal. Como no formaba parte de la plantilla, es el único lugar de los Angeles en donde consigo librarme del espíritu de Marilyn por unas horas… aunque no sé si gano mucho con el cambio. Los símbolos, ahora, son diferentes. ¿Será que hemos perdido los papeles definitivamente?

7 comentarios:
Por un lado hemos perdido los papeles y por otro estamos empapelados.
Se te ve bien.
Un abrazo
Hola Tino!
No sé si tens previst passar per San Francisco, però si hi vas, et recomano especialment un restaurant:
The House of Nanking (919 Kearny St, Financial District). Si hi vas, deixa que el jefe triï els plats per tu, és un mestre!
El pintalabios peligroso jeje. Me río pero yo lo paso fatal en los aeropuertos. ¿Nunca has tenido problemas con el equipo fotográfico?
Yo solamente he estado un par de veces en Estados Unidos pero la cantidad de gente que hay excluida también me ha impresionado. Sobretodo la primera vez, viajando en tren me dio la impresión de que debajo de cada puente había gente tirada.
Tino, cuando he conseguido ubicarte tras el escote de Marilyn, he visto que estás más delgado... jejeje
Sí Rafa, para que después digan que eso de tomar fotografías no requiere ningún esfuerzo. Yo debo haber perdido seis o siete kilos. En cuanto al equipo, doctor Frikosal, solo las molestias de que ven cables, baterías y más cables y se piensan que llevas una bomba, pero nada serio. Venden en Londres unas chapas con el lema "I am a photographer... not a terrorist". Incluso tienen una página web. Creo recordar iamaphotographernotaterrorist.org
o algo parecido.
Buena crónica Tino...
Lo de "I am a photographer... not a terrorist" es bastante curioso.
Como sabes el tema de hacer fotos esta cada vez mas complicado, y si no que se lo digan a Francesc con el tipo del campo...
Un saludo.
Hola Tino:Me gustan tus historias y como las cuentas, me acuerdo de viejos tiempos "analógicos".Un abrazo
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