jueves 29 de abril de 2010

Etapa final con enigma


CIUDAD PRODIGIOSA

Mariano López, el director de VIAJAR, me resumía en unas líneas lo que es esta ciudad, minutos antes de su partida a Shanghai: “Para mí es la capital más viva de Europa, la que más atrae a gente de muchos mundos y muy lejanos. A mí me gusta mucho Londres. He estado varias veces pero nunca más de tres o cuatro días. Algún día estaré una semana y entonces –estoy seguro- me pintaré el pelo de azul. Para pasar inadvertido”.

Me he tomado unos días en Londres para adaptarme al horario europeo habida cuenta que en Los Angeles teníamos ocho horas menos. Después de dos meses de viaje necesito una especie de descompresión, como los buzos que emergen de las profundidades.

Marilyn continúa a mi lado. En el avión de Air New Zealand una de las películas a la carta es “La tentación vive arriba”. Luego encontré en Charing Cross road una galería que vende fotos de la actriz en tres dimensiones por 120 euros.

Mariano me sugiría en su mail otra vuelta al mundo… pero esta vez en Londres. Es una buena idea. Así pues dedico mi tiempo a visitar el gigantesco templo hindú de Swaminaryan (tienen una auténtica obsesión en evitar las fotos) y me desplazo a Oriente Medio en Edgware, a China en Soho, contemplo los canales de Little Venice en Candom y ceno más de una noche en Bangla Desh, en la calle Brick Lane:

Pero en ésta última crónica quiero compartir un hecho singular. Un misterio acorde con los relatos inexplicables a los que los escritores ingleses son tan dados. Comentaba que me gustan muchas cosas de Londres. Una de ellas es que los principales museos son gratuitos. Ayer por la mañana visité el de la Ciencia y el de Historia Natural, situados uno al lado del otro y, justo cuando entraba en la estación de metro de South Kesington para regresar al hotel, me invadió una sensación inexplicable.

Saqué el monedero de mi bolsillo, revisé la calderilla que tenía, aparté una cantidad razonable y me quedé con ella en la mano. Al cabo de pocos minutos, en el pasillo, ví a un músico negro que tocaba una versión con su saxofón de “Noches de Blanco Satén”. Maquinalmente le tiré las monedas en su gorra (¿no me las había preparado?) me dio las gracias, le sonreí... y entonces me fijé que estaba ubicado en un lugar perfecto para una foto.

Le pedí permiso con la mirada porque en aquel momento pasaba un gran flujo de gente y él tocaba con todas sus fuerzas. Me hizo un gesto afirmativo y continuó con su interpretación. Era un rincón perfecto para un músico callejero. Una de estas fotos en que todo coincide aunque no creo que él fuera consciente de donde se había situado.

El hecho inexplicable es que durante estos días he tomado docenas de veces el metro. He coincidido con músicos en casi todas las estaciones, pero jamás había tenido esta sensación. Quiero decir, de tenerlo todo tan a punto, de llevar preparadas incluso unas monedas en la mano, como prediciendo que me harían falta para tomar una foto rápida al cabo de pocos minutos.

Debo añadir que era la primera vez que pasaba por este lugar, de manera que ni siquiera es posible arguir al inconsciente, aquel inconsciente que me despertó en Chiang Mai para presenciar la llegada de los elefantes al trabajo, para justificar esta premonición. Quizás fueron las buenas meigas que me han acompañado afortunadamente todo este viaje. En todo caso, me encanta poner fin a estas crónicas de dos meses por el mundo con un enigma. Hoy regreso a Banyoles. ¡Muchas gracias a todos por vuestra compañía! ¡Ah! Y se admiten hipótesis...


12 comentarios:

Jordi Busqué dijo...

Genial Tino, ha sido el broche final a este pedazo de viaje que te has pegado.

No se me ocurre explicación racional para esta historia de "la dimensió desconeguda".

A Canaries falta gent!

carlosbravo dijo...

Hola Tino... bienvenido de nuevo a casa.
Leyendo esta crónica he recordado esa sensación, ese lenguaje que existe sin mediar palabra entre el fotógrafo y la persona a la que se fotografía...
Una simple mirada sirve para preguntar o para contestar.

Un abrazo.

isidre santacreu dijo...

Buf... Si hasta nos has provocado el jet-lag a nosotros, con tus crónicas!
Ha sido fabuloso poderte acompañar en esta vuelta al mundo.

Gràcies!

juanjofdez dijo...

Las meigas son muy suyas, sólo van con quien lo merece. Gracias a ti por tu generosidad al compartir tu viaje con nosotros.
Y bienvenido, ahora que ya estás de vuelta ya sí que sí toca ir a asomarme a las ventanas amigas de Catalunya.

frikosal dijo...

Ha sido una serie espectacular, felicidades.

Arístides dijo...

No creo mucho en la meigas... Yo diría que se trata de esa magia que nace de la intuición propia del profesional apasionado que hace bien su trabajo. Ha sido un lujo dar la vuelta (virtual) al mundo con tus crónicas. Buen viaje de regreso a casa.
En Canarias ya somos unos cuantos que te esperamos...

Jose dijo...

Dos meses que se me han ido volando leyendote y viendo tus fotos.
Gracias

Nos vemos en unos días en Los Llanos

Saludos

Ainara dijo...

La foto del saxofonista se sale! Bienvenido a casa :)

Guillem Calatrava dijo...

Tino! Benvingut a casa de nou! :)
Una llastima que això s'acabi, sobretot pels que ens hem acostumat a, cada dia, mirar si habies penjat algun nou post, amb noves fotografies i nous relats desde l'altre punta del món.
Ara seguirem fent-ho, i lo millor, que et tindrem ben a prop ;)
Una abraçada. Fins aviat!

Paco Elvira dijo...

¡Estupendo Tino!
Brillante broche final.
Una forta abraçada i ens veiem aviat!

Francesc Vera dijo...

Pel que veig, ja eres a casa. Un bon final per a aquesta aventura. Ens trobem aviat. Una abraçada.

Javier dijo...

Qué buen trabajo. Enhorabuena por las fotos.