El fin de semana pasado asistí como oyente a dos comunicaciones. Reinventar la profesión significa, de alguna manera, sumergirse en la formación continuada. El más largo duró tres días y lo impartió brillantemente Gabriel Brau (abajo, a la izquierda enfocado con la técnica del paso alto y a la derecha con el plugging "magic focus" para que vea que tomé nota de sus consejos) . Gabriel es autor del libro "Luces de África. El tratamiento en blanco y negro del archivo digital", y nos enseñó con amenidad y brillantez un puñado de técnicas muy útiles.¿Por qué razón un fotógrafo debería obtener una posición ventajosa en la red? La respuesta es sencilla. Para promocionar su trabajo o, dicho en otras palabras, para venderse bien, para crear una marca.
No todo el mundo coincide con esa idea. Giorgia Forio, autora del ensayo “The gift” un estudio durante nueve años sobre los rituales en el mundo que os recomiendo, comentaba durante el transcurso de un Joop Swart Masterclass-2009 en Amsterdam a propósito de tecnologías como internet, el email y los teléfonos móviles: “Son una monstruosa dispersión, una increíble pérdida de tiempo que incomunican la conexión contigo mismo. La mitad del día perdido”. Al contrario, también hay otros fotógrafos que, con la ayuda de colaboradores, mantienen viva su presencia en diferentes circuitos sociales y crean expectación sobre sus proyectos (lo que de alguna manera aumenta en parte su prestigio). Con ello llaman la atención o, sencillamente, se relacionan.
Existen varias formas de mantener la presencia en internet aunque nunca hay que perder de vista que, cada nivel, implica un grado más de compromiso con la red. Exige más dedicación. Un grado de presencia básico para un fotógrafo que busque promoción es exponer su portafolio en una página web. Una vez colgado ya no tendrá que molestarse en añadir nada nuevo, en la medida que carezca de imágenes inéditas que mostrar. Claro que esto resta efectividad a los buscadores que, entre otras cosas, valoran las actualizaciones de las páginas.
El blog –que en una situación ideal debería mantener una unidad estética con la web- permite una participación más activa de los visitantes, aunque requiere un compromiso de horas cada semana, tanto para diseñar los contenidos como para responder las consultas de los internautas. “Si tu blog es visualmente igual que el de otro fotógrafo, ambos pierden identidad” puntualizó Fran.
Las redes sociales requieren atención continuada del titular. Facebook, Flickr, Twitter, Linkedin y otras más no sólo exigen visitas y respuestas cotidianas sino, sobretodo, organizar diferentes filtros en las listas. Abrir subcarpetas como, por ejemplo: “importantes”, “fotógrafos”, “editores”, “amigos” y así tantos subgrupos como sea preciso para revisar y formular opiniones, o bien para anunciar eventos. El trabajo de un fotógrafo -se apuntó en la charla- puede llegar a ser más relevante a través de las redes, que no en un buscador.
Finalmente, en el ciber espacio el fotógrafo será lo que desea mostrar de sí mismo: un personaje, una “marca” con la que maneja su gestión de las expectativas. Internet ha ampliado el campo de juego de manera que, ahora, cualquier individuo tiene la posibilidad de adquirir una gran audiencia. Estamos en un mundo en el que el poder y las decisiones editoriales están controlados cada vez más por la audiencia. Ella puede decidir qué va a consumir y como piensa hacerlo.



