sábado 12 de diciembre de 2009

El círculo se cierra

UN PROYECTO Y UNA MORALEJA

El fin de semana pasado me invitaron, como otros años, a la ceremonia de entrega de premios y la exposición de las mejores imágenes enviadas al prestigioso concurso internacional de fotografía de naturaleza MONTPHOTO

El veredicto se emite en directo por internet y los participantes pueden chatear mientras las cámaras muestran las evoluciones del jurado. No en vano han concedido a la organización presidida por Paco Membrives y un brillante equipo, el Premio Nacional de Fotografía 2010 al mejor medio de difusión.

Otro de los grandes atractivos de estas reuniones es la posibilidad de compartir mesa (son ya leyenda los menús de Montphoto) con los organizadores y con los miembros del jurado, este año formado por Francisco Mingorance, Juan Pablo Moreiras y Javier Selva.

En estas reuniones hay tiempo de sobra para hablar de lo divino y de lo humano. Desde hace años, siempre he perseguido la posibilidad que una vez, cada equis tiempo –por ejemplo, cada tres meses- los reporteros celebremos una cena de hermandad. Barata, si cabe, porque no están los tiempos para alegrías, pero una excusa y la ocasión perfecta (de hecho "Las Jornadas de La Garriga" fueron una buena muestra) para aprender, intercambiar conocimientos y estrechar vínculos con otros colegas. Vínculos “en carne y hueso”, no en el ciber-espacio.

Cenando con Juan Pablo Moreiras, gran experto en gorilas y otros temas de naturaleza, me enteré de la segunda parte de una vieja historia, con moraleja incluída.

A finales de los ochenta, cuando pocos conocían a Sebastiao Salgado en España, fui de los primeros en ver su trabajo sobre el Sahel. ¿Por qué? Muy sencillo. Yo dirigía un estudio de fotografía y Josep Vargas, el entonces presidente de Médicos Sin Fronteras, trajo la colección de imágenes del hoy venerado fotógrafo, con la idea de preparar una presentación y proponer a La Caixa que expusiera su trabajo. En su momento esa entidad rechazó la oferta alegando que eran imágenes muy duras y al final se llevó el gato al agua Caja Madrid, que tuvo un éxito rotundo con la muestra. Una parábola parecida a lo que ha pasado, recientemente, con los Centelles. No os perdáis la entrada de Paco Elvira al respecto. La fotografía no acaba de despegar en Catalunya...

Pocos años más tarde le propuse a Josep Vargas un proyecto: varios fotógrafos iríamos a documentar los enclaves más importantes donde Médicos Sin Fronteras España tenía misiones, aprovechando que pronto sería el 25 aniversario de la organización. Le pareció una idea excelente y, para trabajar en la maqueta, me fui a la Amazonia Peruana y a bordo del barco “Igara Uka” recorrí 800 km. junto con el equipo asistencial.

A la vuelta tuvimos diferentes reuniones con la editorial Lunwerg y con el equipo de MSF y, de repente, el vacío. Empezaron las largas. Ya se sabe, las excusas de siempre: no hay esponsorización... lo dejamos para más adelante... el tema ahora lo lleva Michel de prensa... Pasó un año... pasaron dos años... y apareció un precioso libro: “Testigos”.


David Burnett, Sebastiao Salgado, Cristina García Rodero, Annie Leibovitz y Koldo Chamorro habían viajado, precisamente, a documentar los enclaves de Médicos Sin Fronteras. Nada que alegar ante semejante cosecha. La Amazonia Peruana la cubrió, brillantemente, Ricky Dávila. Pero, como podéis imaginar, a mí se me puso una cara de tonto después de haber concebido el proyecto y pagado de mi bolsillo el primer viaj. De hecho, cuando me miro en el espejo todas las mañanas, confirmo que todavía la tengo. Por lo menos me quedaron las fotos, una entrañable experiencia y el tiempo, el inefable tiempo, que apaciguó la rabieta.

Volviendo al Montphoto, en la cena con Juan Pablo Moreiras me enteré, con quince años de retraso, de lo que había pasado. Sin saberlo, meses más tarde de mi viaje, él conoció a un médico de la junta y le propuso el mismo proyecto. El médico hizo las gestiones, contactó con la agencia Contacto... y Pablo también se quedó fuera del proyecto, como yo.

Juntos nos reímos de la historia entre cigala y cigala del glorioso menú del Montphoto, brindamos con los demás miembros del jurado y llegamos a la conclusión –y ahí está la moraleja- que, en este país, cuando tengas una idea, o te la guardas o te vas al extranjero con ella. Tanto Juan Pablo Moreiras como yo ejercemos la mayoría de nuestra labor fuera de España. Aprendimos bien la lección.

PD. Por cierto, si os interesan los entresijos de la historia del Amazonas, no os perdáis mi blog “reportajes”.

4 comentarios:

cistella de llum dijo...

Molt interesant aquesta entrega bicèfala. I no et sap greu, et diré que em recorden molt les magnífiques anècdotes que Xavier Miserachs explicava.
I dels projectes, com en les pel·lícules d'espies: "top secret".

Juanjo fernandez dijo...

País de listos éste en que vivimos, y es que encima está mal visto tener ideas, te conviertes en un ser potencialmente conflictivo y peligroso, del tipo de "uf, como son los artistas" esa gente a la que se invita a los actos para que den color, pero con la que luego no se puede contar para trabajar porque no entienden el auténtico meollo de la cuestión que es "y yo que me llevo".

Jordi Busqué dijo...

Y lo peor es que no servirá de escarmiento a casi nadie, que continuarán chafando guitarras por envidia.

MARINA dijo...

Que divertida la ultima imatge.

Un gran recull.

Acabo de descubrir tu blog, lo pongo en favoritos para no perder detalle. Muy interesante.

Saludos,

Marina